Desafortunadas palabras de Aznar

Nota.- Lo que sigue es un artículo que fue publicado en el periódico La Opinión de Murcia, el 18 de Diciembre de 2010, en el espacio que este diario reserva a miembros del Foro Ciudadano de la región de Murcia.
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Unas declaraciones que no han alcanzado gran difusión, quizá porque sus correligionarios han entendido que no les hacen mucho favor, sobre todo por estas palabras que voy a subrayar. Decía Aznar el 5 de Diciembre pasado en Nueva Jersey, en la clausura del 2º Congreso de su partido en Estados Unidos:
“no puede ser que la gente quiera empezar a trabajar lo más tarde posible y jubilarse lo antes posible”.
El texto completo de las declaraciones puede obtenerse fácilmente mediante buscador en la WEB, mas quiero centrarme tan sólo en esta máxima que tiene pleno sentido aun desgajada de su contexto, porque su contexto -el momento crítico en que nos encontramos- es obvio. Voy pues a señalar sus infortunios. Y es que en esta afirmación, no muy pulida lingüísticamente, por aliterativa y en tono un tanto despectivo, como lo muestra el uso del vocablo “gente” en su sujeto, hay muchos “peros” que hacer.
En primer lugar, ¿no estamos intentando volver al trasnochado mito del “español vago”, al señalar que estamos mal acostumbrados en nuestro deseo de “trabajar lo más tarde posible”, despreciando otras explicaciones más plausibles sobre las causas de la crisis?
En segundo lugar, ¿es cierto que los/as jóvenes mileuristas quieran estar de brazos cruzados y no poder independizarse para vivir su vida con sus chicos/as formando, llegado el caso, sus propias familias? ¿No es más bien que carecen de oportunidades acordes con su formación y que las condiciones laborales que se les ofrecen son la mayoría de veces precarias, insuficientes ni tan siquiera para pagarse piso de alquiler?
Un tercer pero, igualmente obvio: salvo casos de enfermedad, o previstos por la ley ¿los españoles -que se jubilan por cierto 5 años después de los franceses- han llorado alguna vez por jubilarse antes de los 65, así, públicamente y montando revuelo? ¿Ha visto vd a algún sindicato reivindicar rebajar la edad de jubilación en la situación actual al menos?
Cuarto: ¿por qué no empezamos ya a asumir en el discurso económico que la máquina de la economía no es el capital, sino el tabajador? ¿No empezamos a asumir que el capital se ha mordido la cola a sí mismo y que no ha sido el trabajador quien ha horadado la situación de confort que ha vivido, por cierto, sólo un quinto del planeta?
Quinto: ¿por qué, antes de suprimir el estado de bienestar -que es con lo poco con que cuenta el trabajador- no se suprimen los movimientos de especuladores, avaros, fortunas puestas a recaudo en paraísos fiscales, o se suben los impuestos proporcionalmente, a fin de que la crisis no la paguen los más débiles? ¿No se profundice en la separación entre ricos y pobres, toda vez que hoy día está bien asentado el principio de la igualdad de todos los hombres?
Idem: ¿por qué no se persigue con todo ahínco el fraude fiscal que no genera el trabajador, al menos a gran escala, sino el que tiene dinero que esconder? ¿No será porque los que dictan la manera de resolver esta crisis están imbuídos hasta los ojos en el fango del sistema?
Idem: ¿por qué no reunimos a expertos más neutrales para organizarnos más equitativamente y sin embargo volvemos a dejar la solución de esta crisis en manos de los que la causaron en primera instancia? ¿No será momento, aunque no sea fácil, de replantear las relaciones laborales, si no desde la óptica de la dictadura del proletariado, que en la mayoría de casos ha arrojado resultados asfixiantes, no sólo desde el capricho y la codicia de los que más fortuna amasaron gracias al trabajador de a pié, y que pueden volver a reproducir los vicios que hasta aquí nos han conducido?
En octavo lugar, aunque se dice a veces -con los dientes cerrados, como sintiendo tener que soltarlo-, que la banca y los especuladores originaron la crisis, ¿por qué no se reconoce abiertamente que ni el Estado del bienestar ni el trabajador han sido su causa y por qué no se arbitran medidas que realmente vuelvan a impedir esto, en vez de tapar sus agujeros financieros o rescatar países al 7% de interés?
Noveno: ¿qué piensa hacer el sistema con los parados de larga duración que sí quieren y tienen urgente y obvia necesidad de trabajar? ¿Cómo puede predicarse tanto “a trabajar” y al tiempo sacudirnos toda la mano de obra que nos estorbe a cambio de nada o casi nada?
Décimo: ¿Qué piensa hacer el sistema con el número ingente de desheredados, de personas sin casa, no precisamente por holgazanería, sino por, dejémoslo en “descuido” de los empleadores o prácticas bancarias dudosas?

Estábamos impresentablemente acostumbrados a la división entre pobres del tercer mundo y ricos del primero sin que ni siquiera la Iglesia parezca sonrojarse ya y ahora, señor Aznar, suma usted esa frase: “no puede ser que la gente quiera empezar a trabajar lo más tarde posible y jubilarse lo antes posible”, en un contexto en que esa escisión entre pobres y ricos empieza a estar brutalmente establecida, en cada ciudad, en cada barrio, casi en cada calle?
Claro, es más sencillo, sale más barato, golpear en los lomos de los esclavos, abusando de que la gran mayoría de seres humanos han perdido conciencia de la situación, engatusados con los gadgets, los juguetitos y un sueldo más generoso durante los últimos 20 años, que sobre todo ha servido para que el sistema engordara tan peligrosamente como hemos visto.
Es una pena que las personas no tomen -a mí así me lo parece- conciencia real de la situación, y besen las manos, cuando vayan a las urnas, de quienes están dispuestos a arrebatarles su llamado “estado de bienestar”, como si ese estado de bienestar fuera lujo inmerecido. Las manos de los que ahondan en la diferencia de clases que parecía afortunadamente abolida durante unas décadas, abusando de que la mayoría dormimos o vivimos muchas horas en la nube.
Señor Aznar: el español no es vago por naturaleza ni tampoco tonto; puede que esté algo enajenado; ¡pero puede despertar!

Publicado en el diario La Opinión el 18 de Diciembre de 2010.

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